Responsabilidad de Nuevos Gobiernos

Los gobiernos locales electos para la gestión 2019-2022 tienen importantes retos que asumir. Debemos anotar que muy pocos exhiben respaldo popular o contundente, si es que nos remitimos a las cifras oficiales de ONPE. Incluso las cifras en porcentaje resultan más gratificantes a la vista que los cientos o escasos miles de votos que se han obtenido en las municipalidades del valle Jequetepeque.

Dada esa condición y la situación actual de decepción que domina a un importante sector de los ciudadanos, es necesario enfocar cuáles deberían ser las prioridades de los próximos gobernantes, tanto de alcaldes como regidores electos.

Los alcaldes tienen el reto de convertirse en líderes de sus comunidades. Ojalá no salgan con desubicados “triunfos contundentes” que solo serviría para alimentar egos y soberbias desproporcionados.

Nuestras localidades requieren el liderazgo de sus mejores vecinos y gobernantes, sí. Pero estos gobernantes deben ser capaces de mantenerse como ciudadanos de a pie, y desterrar la costumbre de que una vez elegidos se convierten en “autoridades” que solo se desplazan en camioneta municipal, o en sus novísimos y recién aparecidos vehículos particulares, del año, sin horarios para atención a las personas.

Los líderes que se necesitan deben tener la suficiente solvencia moral para, en la calle, encarar los problemas cotidianos sin resolver, provocados por la propia ausencia de autoridad y alimentados por anticonductas, por antivalores que despliegan nuestros propios ciudadanos. No será tarea fácil y por ello demandará esfuerzo, persistencia, y gran sentido de responsabilidad porque el líder deberá enseñar con el ejemplo. Quien pretenda generar el cambio social, que tanto se necesita, deberá ser capaz de comunicar con sus acciones, gestos y palabras, el modelo de nuevo vecino que necesitamos. Si son capaces de dar este primer gran paso, se podrá esperar que encaren con solvencia y respaldo popular los problemas de envergadura con los que deberán lidiar los próximos cuatro años.

Esa misma conducta de liderazgo se demanda de los regidores y las regidoras, que no pueden seguir siendo convidados silenciosos en las sesiones de concejo; pero oportunos cobrando sueldo al final del mes. Se requiere su participación más allá de la asistencia a las sesiones de concejo. Los regidores y las regidoras deben ser capaces de elaborar propuestas de ordenanza municipal, deben llevar informes al pleno, deben pedir información a la gestión, deben ejercer control sobre la administración municipal y si bien deben actuar con el máximo de responsabilidad, tienen que hacerlo en pleno ejercicio de sus funciones. Basta ya de ver y escuchar a regidores que se quejan porque no les hacen caso, o porque los ningunean.

Tanto alcalde como regidores ejercerán gobierno, porque han recibido el encargo de representación de la población; y como sus representantes están obligados a velar por los intereses de esa comunidad. Estas comunidades tienen sus propios problemas, algunos comunes, otros de años de arraigo; pero sobre todo nuestras comunidades necesitan volver a creer en sus gobiernos locales. Y esa es la primera responsabilidad de los nuevos gobiernos, recuperar la confianza de los ciudadanos.

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