A Ser Discordantes

Vamos a volver a referirnos al ciudadano que ha elegido ser conocido como "El Discordante", y que con mensajes irónicos, busca llamar la atención respecto a la forma como nos conducimos como miembros de una comunidad en la que debería estar garantizado el orden, el respeto, la seguridad, el cuidado del entorno, entre otros valores.

En este caso "El Discordante" se rebela, está en desacuerdo con el desorden social que nos impone la cultura chicha o la cultura combi que es como se ha denominado, desde los estudios sociológicos, a esta forma atropellada de conducirse, arrasando con los derechos de los demás, aplastando al otro, en un avance que solo busca el bienestar particular, individual, a costa de quien sea.

Se trata en realidad de personas que basan su conducta en antivalores, pero que se consideran "vivos", tan vivos que terminan imponiendo su abuso; y que los demás terminan por aceptar, sin objetar, sin reclamar, en silencio, casi con resignación.

No puede ser que el hartazgo lleve a la inacción, a la parálisis de la conducta y al conformismo. No se debe permitir que la fuerza de la anticonducta y de los antivalores se impongan como habitual, y se acepte socialmente.

Esas preocupaciones son las que han motivado al ciudadano "El Discordante" a publicar mensajes irónicos, afirmando que arrojar basura a la calle está bien, que pueden estacionar camionetas sobre las veredas porque a la policía no le importa, ni lo sanciona, que se puede actuar según reverenda gana porque las autoridades ni se inmutan, que algunos de los últimos presidentes son ejemplos de conducta y de honradez. Con sus mensajes trata de hacer ver esa realidad que todos los días se enfrenta con pasividad.

"El Discordante" trata de confrontar a los ciudadanos con las costumbres que nos hacen daño pero que mantenemos, en un peligroso y dañino letargo.

Si las autoridades municipales tuvieran un plan de acción que acompañe las obras de cemento con la promoción del cambio social, lo primero que tendrían en cuenta sería identificar líderes comunitarios para promover el cambio de aquellas malas conductas que sumadas terminan en construir el caos y desorden que nuestras localidades viven. Repetidamente nos hemos referido a situaciones comunes como: consumo de licor en calles y plazas públicas, orinarse en cualquier esquina, arrojar basura en lotes sin construir, dejar basura en casa del vecino, arrojar basura en la calle, sacar a sus perros a la calle y no recoger sus heces, pasear perros sin correa, o liberarlos en espacios públicos. Estas pueden considerarse faltas menores; pero también hay acciones que constituyen delitos como regar cultivos con desagües, invadir propiedades privadas o públicas, conducir vehículos en estado de ebriedad, usar documentos falsos, ser partícipes y actores de la corrupción en el Estado o en la empresa privada.

Nadie que aspire a vivir en una sociedad desarrollada puede mantenerse en silencio frente a los atropellos que ponen en riesgo la seguridad, la salud, la convivencia pacífica; y que atentan contra los derechos de todos, como son los actos de corrupción. Ahora “El Discordante” nos está recordando que los gobernantes que tenemos han sido elegidos con el voto de la mayoría, del pueblo. Es hora de asumir responsabilidades y ser discordantes para construir la sociedad que todos merecemos.

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