Sin Pactos y Contra Corrupción


No es momento de medias tintas, ni medias verdades, sino de exigir posiciones claras a los candidatos en campaña para las Elecciones Regionales y Municipales 2018. Todos, o la mayoría, son medianamente capaces de desarrollar sus propuestas y planes de gobierno. El problema es que la mayoría no está tomando en cuenta los recursos reales con que se cuenta.

Basta considerar la administración municipal, que será lo primero a enfrentar y resolver. Una muestra. ¿Se han preocupado los candidatos por pedir información oficial, respecto al número de empleados y obreros, el régimen laboral, juicios laborales en curso, juicios perdidos en materia laboral?. Sin embargo, probablemente todos, viéndose ganadores, ya saben quiénes serán sus nuevos funcionarios de confianza, ya tienen gerente municipal, asesores legales (así en plural, porque uno no basta), jefe de Desarrollo Urbano, jefe de Tránsito y Transporte, secretaria de confianza, y hasta nuevo relacionista público. Omiten considerar cuánto gasto inútil se cargará a los vecinos debido a los despidos, que la justicia encontrará arbitrarios e injustificados, y que sancionará ordenando la reposición y pago del tiempo que esas personas no trabajaron. Así ha pasado y así volverá a pasar, sino exigimos que eso cambie.

Si los candidatos no tienen un diagnóstico real respecto a la administración municipal, y un plan con resultados a plazo determinado, no se espere mucho de las nuevas gestiones. No puede ser imposible considerar una evaluación del recurso humano municipal que se tiene actualmente, determinar posibles excedencias sí, pero debidamente justificado con sustento técnico y legal. Considerar la calificación y reubicación del profesional que lo merezca, promover la meritocracia, adecuándose al régimen de Servir.

Si ello no lo tienen pensado ni planificado, cómo se espera que se embarquen en asuntos mayores como la gestión de la ciudad con todo lo que ello implica: seguridad ciudadana, gestión de riesgo de desastres. defensa civil, educación, salud, programas sociales, y un largo etcétera, por mencionar solo las obligaciones que deberán cumplir apenas asuman el gobierno. Basta de justificarse, diciendo que deben gobernar con su personal de confianza. Las oficinas municipales no pueden seguir siendo agencias de empleo de los que apoyaron una campaña. Que se vayan los que se tengan que ir, pero que solo ingrese el personal estrictamente necesario, un gerente municipal y un asesor legal calificados, probablemente. Pero no más.

Otro pendiente en los candidatos es el explicar cómo van a identificar, enfrentar y denunciar la corrupción que campea en las propias oficinas municipales. Los candidatos, varios de ellos empresarios, conocen perfectamente cómo opera la corrupción en las municipalidades, desde la menuda hasta la de comisiones y cuotas millonarias por obras. ¿Están dispuestos a denunciar a aquellos funcionarios de confianza que están de salida, y se van con bolsillos bien llenos, con notorio enriquecimiento familiar?

Frente a presuntas irregularidades en gobiernos municipales no caben frases a medias, ni ofrecimientos vagos, se exige definir posición. Aunque si durante estos años, algunos candidatos han sido parte de la comparsa, “ganando licitaciones”, siendo “suertudos proveedores” o parte de los consultores, y nunca han marcado distancia con la corrupción, les conviene más callar. No más pactos y lucha real contra la corrupción.

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