Terrorismo Nunca Más


La sentencia a cadena perpetua que acaba de dictar la justicia peruana contra la cúpula de Sendero Luminoso por al atentado perpetrado el 16 de julio de 1992, en la calle Tarata, en el distrito de Miraflores, en Lima, era esperada por todos los peruanos que vivieron y padecieron el terrorismo.

No solo los sobrevivientes y los familiares de las víctimas mortales de ese atentado esperaban esta sentencia, también quienes vieron horrorizados desde sus viviendas, la transmisión televisiva de lo que significó ese crimen.
Se ha registrado que 26 personas, entre ellos un niño de 2 años, perdieron la vida; más de 150 quedaron heridos y más de 350 familias resultaron damnificadas.

Los terroristas usaron un coche bomba con 400 kilos de dinamita con anfo, afectando 300 metros a la redonda de una zona de viviendas y comercios, provocando daño por unos tres millones de dólares.

Los condenados a cadena perpetua, ayer son Abimael Guzmán Reynoso, Elena Yparraguirre, Óscar Ramírez Durand 'Feliciano', Osmán Morote Barrionuevo, María Pantoja Sánchez, Laura Zambrano Padilla, Florindo Flores Hala 'Artemio', Margot Liendo Gil, Edmundo Cox Beuzeville y Florentino Cerrón Cardoso. Ellos deberán pagar, en forma solidaria, dos millones de soles a los deudos de las víctimas.
La sentencia implica que Morote y Liendo, que cumplían prisión domiciliaria deberán volver a la cárcel.

Los sentenciados en ningún momento han mostrado arrepentimiento, como autores mediatos del atentado. Por el contrario, la prensa limeña  ha destacado que en su traslado se les vio con los puños en alto, respondiendo a las arengas de algunos de sus seguidores.

El terrorismo y sus acciones no pueden ser olvidados, tienen  que ser conocidos por las nuevas generaciones para evitar que grupos ideológicos radicales se aprovechen del descontento y la decepción ciudadanas en contra del sistema democrático.  

Además de todo el daño que ocasionó con sus ataques y atentados, el senderismo captó y reclutó jóvenes, en muchos casos mediante la violencia; los adoctrinó y utilizó para sus fines, en contra de sus propias comunidades y familias.

Para que el terrorismo no retorne, no solo se tiene que prevenir enseñando la historia, promoviendo el análisis y fomentando el pensamiento crítico desde la escuela; es necesario insistir en combatir la corrupción, reclamar la existencia de una justicia real, la presencia del Estado en  todos los ámbitos del territorio nacional, garantizar el acceso a la educación, salud y servicios sociales a todos los ciudadanos, especialmente a los menos favorecidos económicamente, pero estas no pueden seguir siendo consideradas tareas del gobierno nacional. Son también responsabilidad de los gobiernos locales. En una economía que se mantiene creciendo, como la peruana, se tiene que luchar y trabajar en conjunto, desde las localidades, regiones y junto a los ministerios en el logro de objetivos nacionales. Que el terrorismo nunca más vuelva, bajo ningún disfraz, ni supuesto movimiento político.

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