Mujer y Política

 

Un informe de la Defensoría del Pueblo, que ha sido publicado por algunos medios nacionales,  acaba de revelar que solo el 8% de candidaturas en las elecciones regionales y municipales de octubre próximo están representadas por mujeres.

La cifra muestra la enorme diferencia que existe entre hombres y mujeres, en el acceso y participación en la vida política nacional.

Además, la Defensoría ha revelado que no hay participación de la mujer dentro de las propias organizaciones políticas y escasamente llegan a ocupar cargos internos de dirección o de coordinación.

Esta brecha es consecuencia de las relaciones de desigualdad que afectan principalmente a las mujeres pero que redundan en las propias familias y en la sociedad.  

Las organizaciones políticas han demostrado que se limitan a cumplir estrictamente lo que manda la ley y por eso la cuota de género se aplica  como simple formalismo, sin ninguna intención real de promover, ni respetar, la participación política femenina.

Esto se puede comprobar porque las mujeres terminan siendo relegadas a las ubicaciones medias y finales, en el caso de las listas que compiten a los gobiernos locales, y desde donde difícilmente accederán a cargos de gobierno.

Según las cifras oficiales del JNE, el 43% de las candidatas para regidoras provinciales se encuentran ubicadas en el tercio inferior, o sea en los últimos lugares; mientras que el 41% de las aspirantes a regidoras distritales se encuentran en el tercio medio. Son hechos que demuestran el desempeño de los partidos y que debería ser rechazado no solo por las mujeres, sino también por los varones que defienden la equidad de género y la promoción de los derechos de la mujer.

Se comprueba pues que no es suficiente la cuota de género; y que es necesario dictar medidas complementarias en la legislación electoral a fin de mejorar la presencia de la mujer en la política nacional. Y así lo ha señalado la Defensoría del Pueblo que ha propuesto como una de las medidas complementarias la alternancia de género; es decir obligar a constituir las listas alternadamente por hombres y mujeres. Otra posibilidad es incrementar la cuota de género de 30% a 50%.

Las cifras son más malas aún. En estas elecciones, según la Defensoría del Pueblo, en algunas regiones del país no está inscrita ninguna mujer para postular a un cargo regional o edil, así pasa en Moquegua, Piura, Puno, Pasco, Ucayali, Amazonas y San Martín. Mientras que en regiones como Tacna, Cajamarca, Ayacucho, Madre de Dios, Lima Metropolitana, Huancavelica, Lambayeque e Ica, solo compite una mujer para el cargo principal.

El compromiso para revertir estas cifras no solo debería involucrar al mayor número de ciudadanos y ciudadanas; sino que exige que a la par de las modificaciones a la legislación se exija formación política para las mujeres. Pero no una formación eventual, como cuando se presentan procesos electorales; sino permanente y descentralizada por parte de organismos como el JNE, en alianza con otras entidades estatales. Lamentablemente con partidos políticos que reviven en cada elección no hay quién asuma esta tarea por parte de ese sector. Es un pendiente, pues, que debería abordarse sin temor por parte de las organizaciones ciudadanas. Constituir semilleros de mujeres políticas, escuelas de lideresas desde la comunidad, y desde la edad escolar, con apoyo de organizaciones privadas, por qué no podría ser posible.

Sobre el autor

Prensa

Somos un equipo de periodistas trabajando de la mano de nuestros aliados, los ciudadanos.

Escríbenos a prensa@undiario.pe y síguenos en @UNDiario