Inseguridad Ciudadana


Las continuas quejas y reclamos por falta de seguridad en las localidades de nuestras provincias están en consonancia con el reconocimiento que ha hecho el general PNP César Vallejos Mori, jefe de la III Macro Región Policial La Libertad- Ancash, del incremento del accionar delictivo.

Son hechos reales. No se pueden ignorar. No es fenómeno de percepción sino de constatación de acciones reales que nos retornan a épocas que creíamos habíamos remontado con la desarticulación de las más peligrosas organizaciones de crimen organizado que se habían instalado en Chepén, Guadalupe, San Pedro de Lloc, Pacasmayo.

Es imposible contar con efectivos policiales en número suficiente para garantizar la seguridad en cada barrio. Como es imposible, también que los agentes del serenazgo municipal estén en todos los lugares, en el momento adecuado. Hay ocasiones –particularmente providenciales- que se da la coincidencia de la presencia policial o de serenazgo que permiten la captura en flagrancia.

La Policía no siempre puede actuar con éxito porque carece no solo de personal suficiente para la investigación, sino que tampoco tiene unidades motorizadas en buen estado. Para repararlas hay que estar esperanzados a lo que hagan los miembros de los comités cívicos de apoyo que, a su vez, deben recurrir a los vecinos para actividades pro recaudación de fondos.

En localidades –como Pacasmayo- donde se cuenta con cámaras de videovigilancia convertidas en importantes aliadas para la identificación y captura de autores de delito, estas de nada sirven por la mala calidad de los equipos con que se cuenta. Estos han resultado una estafa porque  literalmente, no sirven.

Los hampones que han salido en libertad y se han reagrupado cuentan ahora con nuevos socios que por carecer de antecedentes no obran en los archivos policiales. Son menores o jóvenes de 18, 19 o 22 años de edad que echan a perder sus vidas, destruyen la tranquilidad y el honor de sus familias, causan el envejecimiento prematuro de sus padres que jamás imaginaron pasar por la vergüenza de ver sus apellidos mezclados con los de gente vinculada al narcotráfico, tráfico de extorsión, robo agravado, sicariato, estafas, crimen organizado.

Frente a las carencias de la Policía y a las falencias municipales tiene que trabajarse en opciones alternativas. Las municipalidades, por ejemplo, bien podrían trabajar junto con la Policía y otras entidades en promover programas juveniles deportivos, artísticos, culturales, recreativos que sirvan para alejar a los jóvenes de las drogas o de las malas compañías.  Se requiere, además, de la sociedad civil y gestionar la participación del empresariado en la financiación de competencias, cursos de capacitación y hasta programas laborales para dar trabajo a los mejores.

Algo puede hacerse en ese campo, como en el de la inteligencia aprovechando de los ronderos o de las juntas vecinales a las cuales las municipalidades no les dan la importancia que tienen por percibirlas como críticas a sus gestiones, sin entender la importancia de sus aportes. En la clase empresarial hay valiosas propuestas por rescatar, pero cuando se ofrecen, las autoridades ni siquiera las escuchan bien para saber de qué se tratan. Así jamás se solucionan los problemas. Saber escuchar es una virtud que debería caracterizar a nuestros gobernantes.

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