Basta de Atentar Contra Salud Pública

Ni irresponsable, ni negligente son calificativos suficientes para aplicar a quienes deben responder por la presencia de enormes y peligrosas letrinas públicas en el centro de Pacasmayo, y peor al lado de instituciones educativas como ocurre en varios casos. Estos son hechos que siempre han sido materia de comentario de este medio. Lo único que hacemos es transmitir lo que la población ve a diario, pero que las autoridades no perciben.
 
Se ha recomendado reiteradamente establecer sistemas de comunicación entre áreas municipales a fin de informar este tipo de situaciones para coordinar la adopción de medidas con la urgencia que el caso requiere. Los obreros de limpieza pública,  el serenazgo, los servidores de las áreas técnicas u cualquier otro empleado puede –y debería- reportar de estas deficiencias que se pueden solucionar sin esperar la fuerte y justificada crítica ciudadana,
 
No es posible que apenas a dos cuadras de la Plaza de Armas ¡y lindando con un edificio escolar público! , se tenga un monumental botadero de basuras expuesto a la población desde hace mucho tiempo. ¡Y nadie, ni las autoridades municipales, ni las políticas ni las de salud pública se han percatado de ese enorme peligro!
 Es imposible pensar que ninguna autoridad camine por la céntrica calle Ayacucho la misma que conduce al edificio municipal, a la Plaza de Armas, a una entidad financiera, al Malecón Grau.
 
Como bien se ha recordado no es el único caso. Qué decir de ese predio derruido en Pasaje Elías Aguirre y convertido en otro basurero. Está a solo una cuadra del mercado, a pocos pasos de los locales de la Casa de la Cultura, de la Comisaría, de la subprefectura distrital y de entidades municipales y financieras. Y tampoco nadie se ha percatado de esa perniciosa presencia. Cada día ese monumento a la inmundicia y foco en el que se pueden incubar peligrosas enfermedades, permanece allí como si  no fuese un peligro para todos.
 
Hay indudablemente varios responsables del problema. Los propietarios de los terrenos que no cercan el espacio adecuadamente; los malos vecinos que cualquier lugar lo convierten en letrina; y las autoridades municipales, principalmente; además de sus pares, políticas, del sector salud, educación y todos los que puedan tomar alguna acción efectiva al respecto. 
No se puede permitir que nuestros niños, jóvenes y los mayores se “acostumbren” a vivir en medio de la basura. Es necesario tomar acciones.
 
Los caminos van desde la sensibilización y promoción de actitudes saludables y de respeto hacia el vecindario y el ambiente (con el tiempo y dedicación de recursos que implica promover el cambio de comportamientos sociales) hasta las sanciones que contemplen las ordenanzas y leyes vigentes. Lo que no se puede permitir es la pasividad y el conformismo frente a problemas cotidianos que se vuelven permanentes y que atentan contra la salud de las personas. 

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