Investigar Asesinatos

Obran razones para temer un posible recrudecimiento de la violencia criminal que sembrara pánico en el valle Jequetepeque con las bandas de extorsionadores. Se impusieron a sangre y fuego. Si alguien se resistía al pago de cupos se exponía –y su familia- al peligro de muerte. Para advertir que no estaban jugando robaban vehículos que incendiaban si es que no se pagaba rescate. Otras advertencias era uso de explosivos arrojados a las viviendas, envío de cartas extorsivas conteniendo balas. Eran claros mensajes del propósito: estaban dispuestos  asesinar para someter a sus víctimas.

 
Esas bandas dejaron ser simples de reuniones de 2, 3 o más delincuentes de baja y mediana monta al percatarse que las extorsiones podían darles fortuna. Necesitaban estructurar una organización  en la cual cada miembro cumpliese una función específica. Los más avezados pasaron a ser los conductores de esas organizaciones criminales y para sobresalir no se detuvieron en desatar una guerra contra quienes se les cruzara en el camino para disputarles el liderazgo.
 
Las cosas se iban complicando porque se pasó a los crímenes entre los propios hampones pertenecientes a bandas rivales y se cobraban cuentas. No había noche ni día en que la Policía no fuese movilizada porque en diferentes lugares podían aparecer una o dos personas muertas a balazos, en la vía pública. Pero ya no solo era el hampa, sino que se pasó al nivel de sindicatos de construcción  civil infiltrado por la delincuencia para extorsionar a los empresarios imponiendo cupos y obreros que sin trabajar disfrutasen de un salario a cambio de darles protección. Para complicar más el escenario, se sumaron las mafias dedicadas a las invasiones de terrenos. Los crímenes de dirigentes que defendían la tierra pasaron a ser, igualmente, cosa de todos los días.
 
No queremos retornar a esas épocas que parecían superadas. Hay presunción policial que eso pueda estar dándose. El asesinato, en Guadalupe de los hermanos Mauricio Díaz Delgado, “Ambi”,  y de su hermano José Luis Díaz Delgado, “Chunga”, en poco más de dos semanas sería ajuste de cuentas o desaparición de quienes podrían delatar a los miembros de bandas de micro comercialización de drogas. La Policía –según fuentes confiables- habría tenía bajo investigaciones a los hermanos asesinados.
 
Sumemos otras muertes criminales, conocidas unas y no denunciadas otras, para alimentar el temor al resurgimiento de esas organizaciones, varios de cuyos integrantes salieron en libertad. Es menester reaccionar a tiempo, no descuidar la inteligencia policial, no bajar la guardia de parte de seguridad ciudadana y de ronderos actuando dentro del marco legal. Es la forma de vencer a quienes se ponen al margen de la ley y a quienes la Fiscalía debe acusar para que la justicia sancione.
 
Al cierre de este editorial tomamos nota de una intervención de la PNP y la Fiscalía para desbaratar a Nuevo Dragón, que operaba en nuestro valle. En buena hora que así haya sido. Es una operación valiosa para erradicar cualquier brote de resurgimiento. Tiene que mantenerse esa vigilancia a través de labores de inteligencia para vencer a los enemigos de la ley.

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