Camino a Rusia

Indignación e incredulidad han sido los sentimientos que invadieron –y unieron a la vez-  a los peruanos ante el fallo del Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) ampliando la suspensión contra el delantero de nuestra selección de fútbol, Paolo Guerrero, de seis meses a 14, poniéndolo fuera del Mundial Rusia 2018. Esto es irreversible; el fallo es inapelable.

Guerrero era el capitán del seleccionado nacional derecho ganado por su dedicación, comportamiento, rendimiento futbolístico, responsabilidad. El seleccionado sufría traspiés tras traspiés hasta que Ricardo Gareca fue contratado para la dirección técnica y comenzó a transformar las cosas. Disputándose la fase eliminatoria, el 5 de octubre 2017, después de un partido contra Argentina, se ordenó un examen antidoping; uno de los escogidos fue Paolo Guerrero quien antes había consumido una bebida a base de mate de coca proporcionada en el hotel donde se hospedaba el elenco nacional.

Realizada la prueba, la muestra arrojó positivo para metabolito de la cocaína benzoilecgonina, sustancia que la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), tiene en lista de prohibiciones. Fue el comienzo del fin. La FIFA anunció suspensión por un año, que la redujo a seis meses, debiendo terminar el 3 de mayo, dejando la posibilidad de que el sancionado pudiese reincorporarse y estar en la máxima competencia del fútbol mundial. 

Tanto la AMA como la defensa del peruano apelaron al fallo. Los recursos subieron  al TAS que, en audiencia del día 3 de este mes escuchó, en Suiza, los alegatos de las partes. El lunes se pronunció con un resultado que causó un enorme impacto de rechazo en la hinchada peruana, de  respaldo y solidaridad con el capitán. Pero, también con cierta duda de confianza en el futuro rendimiento del equipo, algo que no debe dejarse siga prosperando.

 No hay tiempo para llorar sobre leche derramada, debemos reaccionar con una firmeza para insuflar más aliento al equipo. Gareca es un técnico previsor que ha trabajado pensando en lo que podía venir, y tiene, con toda seguridad, más de una alternativa. La clave de su éxito ha sido el trabajo en equipo, por lo tanto la producción de la oncena no puede estar en función de individualidades cuyo aporte es importante, pero ante cualquier eventualidad hay que superarlo.

 Es conveniente pasar la hoja cuanto antes, todas las manifestaciones que se hagan, de alguna manera, van a influenciar en el equipo. Hay que infundirles confianza; no dejemos crecer una corriente propicia a suponer que sin Paolo Guerrero vamos en desventaja. Hay que revertir eso. Hay que alentar a nuestros seleccionados dándoles fuerza paran demostrar todo lo que pueden seguir dándonos.

 A todos nos corresponde esa tarea, en especial a los periodistas deportivos que deben dejar de pensar por Gareca reclamándole tomar tal o cual decisión. Déjenlo hacer su trabajo. Lo que se requiere es bajar la tensión del momento, olvidar el mal rato. El revés hay que convertirlo en acicate para los triunfos. Paolo Guerrero sabe que el país está agradecido de su buen trabajo, pero hay que asumir su exclusión con realismo renovando fe, confianza, apoyo a la selección presente en una lid mundial de fútbol después de largos 36 años. Mantengamos fe inquebrantable en nuestros seleccionados para que demuestren al mundo de lo que somos capaces los peruanos.

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