Defensa y Protección a Nuestros Niños

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Ministerio Público Chepén

Los delitos contra la libertad sexual en la modalidad de violación en agravio de menores de edad –niños o niñas – se han multiplicado en los últimos tiempos, acorde con la crisis de valores generalizada en el mundo entero. Es como si cada nuevo día, la humanidad diese otro paso hacia un abismo profundo del que será imposible emerger.

Tal como avanza la ciencia y la tecnología, crece la estadística y también, la bestialidad en el accionar de los autores de esos despreciables sucesos que la comunidad entera repudia exigiendo para los delincuentes la pena de muerte. Ese planteamiento ha abierto un debate no solo en Perú sino en otros países del mundo donde pena semejante está proscrita en la legislación. ¿Será realmente la pena de muerte un disuasivo para frenar a esas lacras?

Hay quienes están a favor de esa condena extrema argumentando que es la única forma de combatir a los hombres que, convertidos en bestias, no dudan en solo violar sino, además, asesinan a sus víctimas. Eso es lo que ha ocurrido con César Alva Mendoza, el confeso violador y asesino de Jimenita, la niña que fue a la Comisaría de Canto Rey para tomar sus clases de vacaciones útiles y fue secuestrada por el sujeto que acabó con su vida, luego de un acto execrable y cruel, salvaje y demoníaco.

Para quienes abogan por la pena de muerte, opinan que es la única forma de poner atajo a esos monstruos que cada día aparecen en mayor número en lugares que antes fueron los más tranquilos. Los violadores son los propios padres, los tíos, los primos y hasta los hermanos. Estamos llegando a una situación sumamente crítica.

Quienes están en la otra orilla no creen que privar de la vida a los violadores y criminales de menores de edad, sea la solución. Proclaman que no se debe aplicar la ley del talión, y piden tener en cuenta que en países donde existe la pena de muerte, no opera como disuasiva. Las razones no les faltan. Recluirlos en prisión por el resto de sus vidas, es como sentenciarlos a muerte. No puede haber algo peor que morir recluido en una celda lejos del amor de sus seres queridos –si es que lo tuviesen- y privado de los avances de la tecnología y la modernidad.

Sin embargo, el fondo del asunto es cómo frenar esos delitos. Asistimos a hechos de barbarie, un hermano que embaraza a su hermana (ambos menores de edad), un padre que se casa con su hija y con ella procrea; un padre que viola a su menor hija en presencia de otra pequeña hija. Y como esos tres casos, muchos más que horrorizan a la humanidad.

Es urgente que en cada espacio a nuestra disposición en nuestras comunidades, emprendamos campañas enérgicas y permanentes educando a nuestros hijos e hijas para prevenirlos de los peligros a los que están expuestos. Hay que hablarles con franqueza ahora que ellos tienen tantas posibilidades de conocer temas que antes eran tabú, y ahora son moneda común y corriente en Internet. Los tiempos han cambiado, también los hombres debemos cambiar.

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