Reflexión en Fiestas de Navidad



La comunidad cristiana vive, con mayor profundidad, el espíritu navideño conforme nos acercamos a la fecha en que celebramos el nacimiento de Jesús. La fecha de la historia religiosa cristiana resuena en gran parte del mundo creyente donde se recuerda y se celebra ese acontecimiento reafirmando los sentimientos de amor y paz para el mundo.

Sin embargo, no podemos ignorar que mucho se ha perdido, y esos sentimientos quedan como simples enunciados. Los conflictos son cada vez mayores y más intensos. Los tenemos en el nivel internos de las naciones y también en el mundo entero. La paz mundial se ve amenazada por los enfrentamientos entre los países que hacen gala de su poderío militar. En cualquier momento corremos el riesgo de una conflagración mundial que nos desaparecería en cuestión de segundos debido a la potencia de las armas nucleares que se han concebido y para cuya construcción se destinan sumas multimillonarias.

Hay gobernantes que gastan ingentes porcentajes de los presupuestos de sus países embarcados en competencias armamentistas poniéndose a espaldas de la pobreza de millones de personas entre niños, jóvenes y adultos, que padecen hambre, que son víctimas de enfermedades, y carecen de servicios básicos como los de agua y desagüe o se les niega el derecho a la salud.

Es necesario cambiar para hacer de la navidad no un simple enunciado con sus deseos de paz y amor, sino para convertirla en una realidad permanente que contribuya, sino a eliminar el hambre, la pobreza por lo menos a reducirla dando condiciones de vida digna a millones de seres humanos. En todos los países del mundo, incluso, en los más desarrollados, hay hambre y miseria, hay gente desamparada en su salud. Hay que pensar en esos seres humanos para acercar el mensaje cristiano a ellos con acciones concretas.

Se requiere gobernantes que sientan que su obligación está con las mayorías privadas de las más elementales condiciones para decir que se les da acceso a una vida digna. Hay que dotar a esas gentes de servicios esenciales, no dejarlos que mueran aferrados a su suerte en tanto pasan los días de su vida en la mendicidad y en el abandono. Eso no es vivir la navidad.

Si nos atenemos a la doctrina de Cristo, recordemos que predicó por el amor, por la paz, por la justicia social. Su lucha fue contra el poder corrupto y corruptor de su época, pero que tiene que ser permanente en el tiempo. Eso es esencial entender. Y sobre esa base tenemos que desenvolvernos en nuestra vida diaria. Los gobernantes –presidentes, congresistas, alcaldes, regidores, jueces, fiscales, policías, etc.- deben tener presente en sus actuaciones que deben estar al servicio de la humanidad actuando con justicia, promover el amor y la paz.

En las horas difíciles que vive nuestra patria, así como nuestras ciudades, elevemos nuestras oraciones al Señor pidiéndole que ilumine a nuestros gobernantes así como a nosotros mismos, los gobernados, para encontrar el camino del bien y la verdad que nos conduzcan a construir un mundo de paz y amor. Que la Navidad 2017 sea no solo momento de fiesta y felicidad en nuestros hogares sino también de reflexión y oración invocando por el cambio que tanta falta nos hace a todos.  ¡Feliz Navidad!

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