El Niño Costero: Los Vivos y Los Inútiles

No vamos a referirnos a los aspectos climáticos y meteorológicos de un fenómeno que nos ha puesto de vuelta y media como nación. 

Los efectos materiales hasta el momento son incalculables y en el caso de la provincia de Pacasmayo aún no se han precisado. Sin embargo es inevitable referirnos a los efectos sociopolíticos que están cargando la represa de la tolerancia civil, embalsada por los actores políticos, que no han desilusionado, sino más bien confirmado el grado de incapacidad que les acompañó al llegar a los puestos de elección popular.

Las personas afectadas han enfrentado los embates de la naturaleza con valor; y posteriormente apoyadas en la solidaridad de colectivos ciudadanos desprendidos, preocupados, desinteresados y que merecerán un comentario aparte de los que ya hemos realizado en esta misma sección.

Nuestros hermanos damnificados, sumidos en la congoja por los desastres, tienen que soportar además las consecuencias de los actos de dos clases de actores siniestros, incrustados en el aparato democrático: los vivos y los inútiles.

Los vivos, funcionarios estatales que ahora ven en la libertad de uso de recursos para la emergencia, un nuevo botín en el que, como en otras circunstancias, no tendrán reparos en sobrevalorar los gastos. Políticos decadentes, con ambiciones de lavarse la cara fungiendo de grandes gestores de donaciones del Estado. Pegados a los camiones con ayuda del Perú para el Perú. Listos a hacerse una foto, “pal face”, o un selfie con la desgracia del conciudadano. Para que quede claro, el Estado no dona nada. Todo es recurso adquirido con el dinero que tributamos todos. 
Y las donaciones del exterior son eso, recursos de otras naciones que sale de sus ciudadanos.

Vivos que se cuelgan de los esfuerzos ajenos, que se aprovechan del que actúa y no alardea, que buscan confundirse entre los jóvenes con verdadero sentido de servicio, libres de la contaminación del politiquero o del funcionario corrupto. Vivos que ya han sido detectados  felizmente y en los que fácilmente se reconoce su afán personal.

También están los inútiles. Igualmente instalados en el Estado, distrital, provincial, regional, nacional. Aquellos que desde el cargo de funcionario no resuelven situaciones de contingencia, estorban en lugar de agilizar su sector. Inútiles que bajo un falso dinamismo, recorren las zonas de desastre sin hacer en realidad nada trascendente. Funcionarios que no tienen capacidad para desempeñar los cargos, que rechazan a nombre de un pueblo las ayudas de ciudadanos dispuestos a colaborar. Gobernantes que juegan en pared con sus funcionarios no precisamente a favor de la ciudad, ni de los ciudadanos, ni de las víctimas;  sino de sus intereses.

Alcaldes que no atan ni desatan y que encuentran en el ciudadano al culpable de todo el desorden y subdesarrollo de sus comunidades. Gobernantes carentes de carácter y de iniciativa, peor de liderazgo, que hasta ahora no pueden dominar su organigrama institucional, que no han aprovechado la fuerza que hay en las juntas vecinales, que no entienden el potencial de cada ciudadano voluntario en la hora de la emergencia. 
Los vivos y los inútiles son más dañinos que el Niño Costero, por su inacción, incapacidad, y soberbia. Más dañinos porque se sabe que un fenómeno natural existe; pero a estos los padecemos por elección y decisión.

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